Narrar historias familiares y el dinero

Es posible que esto te sorprenda porque ¿qué relación tienen los cuentos con el dinero?

Sin embargo, la narración de nuestros cuentos en este sentido tiene que ver con cómo transmitimos nuestros valores y creencias a nuestros hijos.

¿Quieres que tus hijos conozcan tu historia familiar?
¿Quieres que tus hijos conozcan tus esfuerzos y el de tu familia para que ellos disfruten de la situación económica que gozan hoy?

Deberías entonces contarle la historia de cómo comenzaste a ganar tu dinero.

Mi padre siempre me dijo que yo era el resultado de una combinación de conquistadores e inmigrantes. Nací en Perú, una país colonizado por España en el siglo XXVI. La familia de mi padre llegó con esa ola de hombres españoles, quienes al ver que no tenían futuro en su propia tierra se aventuraron a buscar fortuna en el nuevo mundo. Del lado de mi madre, mi familia viene de Inglaterra, mi tatarabuelo llegó como Gerente General de una gran compañía.

De ambos lados, solía decir mi padre, heredamos el coraje, la curiosidad y un gran deseo de enfrentar nuestro destino. Para mí esos pilares marcaron mis años de formación.

Se como del lado de mi padre mi familia tenía tierras que luego perdió. Mi padre obtuvo su primer trabajo con su tío cuando tenía 10 años, lavando autos. Estaba tan feliz porque su tío tenía una enorme colección de autos antiguos y mi padre amaba los autos. Mi padre me contó que había ahorrado mucho dinero para comprar un tren de juguete ya que le encantaban todas las cosas mecánicas. Previamente le había pedido a sus padres si le podían comprar un tren pero su madre le dijo que ahorrara y se lo compre el. Me contó también que cuando lo aceptaron en la universidad más difícil de ingresar luego de haber obtenido el segundo lugar su padre le dijo: “Deberías haber obtenido el primer lugar”.

Todos estos pequeños momentos de su vida forjaron el carácter de mi padre.

Se convirtió en un empresario y nunca tuvo miedo al futuro.

Del lado de mi madre, mi abuelo nació en una familia muy acaudalada. Mi abuelo y sus hermanos fueron criados como si nunca necesitarían trabajar. Mi abuelo fue el único que obtuvo su título universitario y esto fue muy útil cuando la familia perdió toda su tierra. Increíblemente, todos sus hermanos fueron muy exitosos en sus vidas. Leyeron todos los clásicos, tuvieron tutores privados, aprendieron de la vida de distintas maneras. Recuerdo a un gran tío que te podía hablar de cualquier ciudad como si hubiera vivido allí y nunca la había visitado. Pero estaba muy bien educado.

De esta combinación aprendí mucho. Sabía que mi padre no me daría nada salvo que me lo mereciera.

Sabía cómo valoraba el dinero y lo difícil que era obtenerlo.

Me contó acerca de su trabajo, lo difícil que era gestionar su propio negocio en un país sin regulaciones. Aprendí lo difícil que era trabajar con empleados, pero principalmente sabia que debía tomar mis propias decisiones y que no recibiría dinero de su parte. Debía trabajar para obtener mi propio dinero.

De mi madre heredé el sentido del estilo, del arte, de la moda y los buenos modales (ella era la mejor en eso). Mis padres consideraban la lectura como algo muy importante. Creo que leí más en mi casa de lo que leí durante toda mi carrera.

Todas estas pequeñas historias de mis niñez forjaron mi carácter.

Tenía que estudiar y ellos esperaban que yo fuera buena en mis estudios. Mis padres no se sorprendieron ante ninguno de mis logros. Se suponía que tenía que tenerlos; para mi padre, ese era mi trabajo. Y si bien hoy considero esa actitud algo severa, en mí funcionó.

Cuando me quejaba, recordaba cómo mi padre debió trabajar arduamente lavando autos para poder tener su primer tren de juguete.

Recuerdo que le dijeron que debía obtener el primer lugar para ingresar a la universidad, no el segundo lugar. Mi padre nunca me dijo nada así. Simplemente me dijo que estudiar era mi “trabajo”.

Introdujo la palabra “trabajo” en mi vocabulario.
Yo sabía que el trabajo era algo en lo que uno trabaja para obtener resultados. Y en ese momento solo tenía ocho años.

Me regaló mi primer automóvil, pero antes me dijo: “cuida este auto porque el próximo deberás comprarlo tú”. Y así lo hice.

Cuéntale a tus hijos tu propia historia.

Cuéntales como tu familia llegó al país donde viven, cómo llegaron al lugar donde están ahora. Cuéntales cuáles eran tus objetivos, porqué tomaste las decisiones que tomaste. Cuéntales acerca de tus logros, sacrificios y errores. Estas cosas quedan grabadas en la mente de tus hijos. Las recodarán como recuerdan a la Bella Durmiente o a la Cenicienta, pero ten la certeza de que tus historias serán mucho más útiles para ellos en la vida real.

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