Viejos habitos y tarjetas de credito

Recientemente encontré la publicación  “The Break”,de la siempre inspiradora dibujante, fotógrafa y blogger de moda y estilos de vida Garance Dore. La publicación aparentemente era simple, acerca de la voluntad y capacidad de dejar ¡el café! “¿Qué significa un descanso sin un café?”, se pregunta Garance.

En realidad se refiere a la sutil y difícil tarea de abandonar viejos hábitos y adoptar el cambio.

¡Qué bien se aplica a nuestra vida financiera! Nuestra crianza, las circunstancias en las que crecimos y nuestras creencias arraigadas profundamente ciertamente condicionan nuestros hábitos al momento de hablar de dinero.

No puedo evitar sonreír y considerar mi relación con las tarjetas de crédito.

Aún recuerdo mis solicitudes iniciales de tarjetas de crédito cuando recién terminaba la universidad y lo feliz que me sentía cada vez que me aprobaban. Todo parecía tan fácil e inofensivo que continué solicitando tarjetas hasta que tuve tantas tarjetas que no entraban en mi billetera. Curiosamente, a pesar que tenía una buena docena de tarjetas, raramente las usaba.

En realidad, les tenía PÁNICO.

De alguna manera, tener tantas tarjetas de crédito me daba como una sensación de seguridad. Era como contar con una “prima de protección” monetaria en caso de necesitarla. Pero tenía la clara sensación de que en el momento que empezara a utilizarlas no pararía.

Tenía amigos que hacían tantas compras, hasta lo más impensable, para mí al menos, y me decían: “mis tarjetas llegaron al límite”. Solía hacer un cálculo matemático mental rápido de cuánto debería gastar para llegar al límite de mis propias tarjetas de crédito.

Estaba aterrorizada.
Pero sin saberlo, mi conservadorismo financiero tenía muchos puntos débiles.
Tener tantas tarjetas de crédito y no utilizarlas en realidad estaba perjudicando mi crédito.
Con tantas tarjetas de crédito, la actividad fraudulenta era un dolor de cabeza muy común.
Y me costaba hacer los pagos a tiempo y eso me estresaba.

Siempre pagué mis tarjetas de crédito en su totalidad y nunca tuve un saldo. Sorprendentemente, hay casos en los que hasta Equifax considera que no es conveniente pagar las tarjetas en su totalidad.

Al ser una ahorradora condicionada por naturaleza y una consumidora austera, nunca compré más de lo necesario para mí misma de manera que la tentación me parecía hasta perversa. Me costaba resistirme a los cupones de anuncios publicitarios y promociones.

Tenía tanto un SUEÑO como una MALDICIÓN plasmados en muchos pequeños pedazos de plásticos de colores. Mi propia realidad privada distorsionada.

Como Garance, hace cinco años decidí cortar en seco. Corté y me deshice de todas mis tarjetas de crédito menos tres. I lentamente empecé a premiarme a mí misma con pequeños gastos “innecesarios” ocasionales.

En la actualidad, aún pago mis tarjetas de crédito en su totalidad todos los meses. No lo puedo evitar. Y agonizo con los saldos y los cargos financieros que ello conlleva.

Salvo que este mes tuve gastos inesperados, por cierto innecesarios: un nuevo sofá de lujo para mi salón familiar y un paquete turístico para mis próximas vacaciones familiares.

En este momento el saldo de mis dos tarjetas de crédito me parece enorme. La tentación es abrumadora: ¿debería en este momento, aunque sea por única vez, intentar hacer un cambio, ser un poquito más flexible, sacudir mi personalidad controladora y permitirme tener un saldo?

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